miércoles, 8 de julio de 2009

400

Este número no tiene significado alguno para los amables lectores de esta columna, pero si lo tiene para su autor. Desde que comencé a escribir “Por otro lado...” para EXPRESO, los artículos han sido numerados. Este es el número 400, lo que quiere decir que por medio de ellos he podido llegar a uds. con mi opinión sobre variados temas por ese mismo número de ocasiones. Son 400 semanas en que he podido transmitirles el “otro lado”, esto es, una opinión diversa de los acontecimientos nacionales.
Debo agradecer a ustedes que han tenido la gentileza de leer mi opinión y más aún a quienes han tenido la amabilidad de escribirme con su propia opinión sobre lo escrito o sobre el tema tratado. Siempre he contestado sus cartas, hayan sido éstas a favor o en contra de mis ideas. Las pocas veces que recibí algún insulto o amenaza, también recibió contestación, por lo general temperada luego de considerar lo escrito y las motivaciones del autor. Solo una vez contesté de la misma forma grosera que me escribió un partidario del actual régimen y aún lamento no haber ponderado esa respuesta, no porque le habría contestado por sobre su nivel mental, sino porque seguramente le habría dolido una respuesta razonada.
Para algunos articulistas de opinión es fácil escribir sus ideas y lo hacen en pocos minutos. Para este articulista siempre ha sido una tarea ardua que ha requerido mucho esfuerzo intelectual y tiempo; y es por este último elemento que debo, por el momento, hacer una pausa en esta columna. No se por cuanto tiempo será, pero depende de cuanto tome la tarea en la que estoy embarcando en este momento.
¿Y cuál puede ser esa tarea? Pues es un reto de lo más agradable personalmente, pero desafiante e intimidador: Se trata de investigar y escribir la biografía de Víctor Emilio Estrada Sciacaluga, tarea que no será nada fácil debido a la dimensión y multifacética personalidad del sujeto. Es un desafío porque fue un hombre transparente pero al mismo tiempo complejo, lo que hace difícil analizar su personalidad. Es intimidante porque hay muchos hechos que hay que explorar y será muy difícil entender las motivaciones de sus actos, siendo éstos concebidos por quien contaba, indudablemente, con una mente superior. Adicionalmente, se trata de la biografía de un hombre ejemplar y por ello necesita ser más exigente y profunda que otras, pues su ejemplo debe ser guía de hombre privado y público no sólo para sus descendientes, sino para todos los ciudadanos responsables de su país.
Es una tarea absorvente que ya está ocupando el mayor tiempo de mi mente conciente y presumo que parte muy importante de mi subconciente, que trabaja en ello sin pedirme permiso, pues hasta en sueños estoy dedicado a la obra. ¡Si eso no es apasionamiento por lo que se hace, no sé qué lo será!
Debo agradecer a quienes hacen EXPRESO por haberme dado la oportunidad de llegar a ustedes estas 400 veces. No siempre hemos concordado en los criterios, pero los he emitido con toda honestidad y convicción. Puedo decir que no siento haber arado en el mar... ¡Hasta luego y muchas gracias!

viernes, 3 de julio de 2009

Pueblo mendigo

Una de las acciones más perversas del sistema socialista y populista es hacer del pueblo mendigo con el fin de mantenerlo como cliente fijo (léase esclavo) del gobierno en el poder. La otra acción perversa es que paradójicamente al tiempo de necesitar un pueblo mendigo se crea una nueva elite u oligarquía, concentrada alrededor del poder público, quienes son los beneficiarios de las riquezas excedentes del Estado. El pueblo recibe mendrugos suficientes para mantenerlo como cliente fiel, mientras los nuevos oligarcas producen riquezas desmesuradas y diametralmente opuestas a las dádivas populares.
Para crear esta situación se mantiene a la masa popular funcionalmente ignorante, con el fin de que sean instrumentos dúctiles de este perverso sistema de gobierno, más inequitativo que el tan vilipendiado capitalismo. Y esto es clave, pues los gobiernos socialistas se ufanan de lograr 0% de analfabetismo, pero nada dicen de la ignorancia funcional que promueven subrepticiamente a través de “maestros” que no saben siquiera reglas elementales de ortografía.
Una de las formas más perversas de promover la mendicidad es a través de subsidios permanentes y la desincentivación del ahorro. Claro, ¿qué puede ahorrar quien vive al día con sus ingresos? Es la capacidad de ahorro la medida de riqueza de un pueblo, y dentro de ese esquema nuestro gobierno revolucionario promueve la desaparición del fondo de reserva del que han gozado aquellos trabajadores que son afiliados al IESS, con el fin de que ese ahorro forzoso se convierta en gasto corriente y se diluya dentro de la creciente diferencia entre los ingresos familiares y el costo de la canasta básica. Es por actos como este que el Ecuador se mantiene como uno de los países más pobres del mundo.
El socialismo habla de la redistribución de la riqueza, pero eso es válido sólo demagógicamente, pues la nueva oligarquía (léase aquellos en el poder), que cada día son más, se excluyen de esa redistribución. Los demagogos redistribuyen lo ajeno pero nunca lo suyo y para muestra tenemos a los hermanitos, quienes gozan de todo lo que el Presidente condena. Y no solo los hermanitos. Ya el EXPRESO nos ha comenzado a revelar a algunos de los “socialistas” en el poder que ávidamente buscan trasladarse a vivir entre “pelucones”, pues eso son o quieren ser, pero solapados.¿Tiene alguna esperanza de salir de la mendicidad el pueblo? Gobiernos como el nuestro se encargan de que eso no suceda, pues requieren de su “clientela” política sometida. Por ello disponen de los recursos nacionales para incentivar la mendicidad en vez de usarlos para promover la producción de recursos renovables, que son los que aseguran la riqueza nacional. Los recursos no renovables son finitos. Se los puede dilapidar, como lo está haciendo este gobierno, pero cuando se acaben se garantizará más pobreza. Y eso es lo que buscan los gobiernos socialistas como el nuestro, para continuar dominando a un pueblo esclavizado a través de engaños y esperanzas vanas.